Los 7 días de la semana en mi casa

Día 1:

Encuentro una pequeña herida en la pared.

Día 2:

La herida en la pared se vuelve más grande, más gruesa.

Día 3:

Empiezo a encontrar pequeños fragmentos de la pared en el piso, es polvo, polvo resultado de la herida cada día más gruesa.

Día 4:

La herida en la pared, cada día más gruesa empieza a latir. La toqué y me lastimó el dedo. Me alejo.

Día 5:

El latido de la pared no me deja dormir.

Día 6:

No me quiero acercar, pero el sonido me está matando.

Día 7:

Le pedí a Rosaura que me permitiera quedar en su casa, sé que tengo que callar el latido en la pared pero no será hoy. Me demoré mucho tiempo en arreglarla, y deje que la herida creciera, de ella nacieron otras y reprodujeron su sonido  y su polvo. Veré que hago, pero no será hoy.

Anuncios

Despedida en Costa Rica

El año pasado me fui a vivir 3 meses a Costa Rica, fui a realizar un voluntariado en una ONG de Derechos Humanos. Bueno, ese fue el pretexto, la realidad es que escapaba para ver si podría curar un corazón bastante lastimado.

El caso es que los tres meses pasaron muy rápido, conocí un par de lugares del país pero gran parte del tiempo lo distribuí en conocer la cultura local de San José, la Ciudad que me recibió y básicamente me adopto por ese tiempo.

La mentalidad “pura vida” de las personas ticas (gentilicio de las personas nacidas en Costa Rica -porque la gente siempre pregunta) hizo que fuera muy fácil para mi adaptarme, soy una persona que le gustan las rutinas, me gusta que el mesero del restaurante me conozca y sepa que me gusta ordenar, así que empecé a frecuentar de manera regular un bar, parecía un bar típico con vídeos musicales variados y cerveza bastante barata, pero recuerdo que el día que me conquisto ese lugar no fue por la atención del mesero, sino porque antes de que cerraran la cortina empezó a sonar esta canción.

Ya bueno, hice mucho preambulo. El caso es que el día que me despedí de Costa Rica, estaba sola en lo que había sido mi apartamento con las maletas listas, una de las personas con la que desarrolle una amistad muy cercana me mando un mensaje diciéndome que no fuera aburrida, que un par de amigos suyos -y ahora míos también- querían despedirse de mi, y pensé ¿por qué no hacerlo? valdrá la pena decirle adiós a Erick (el mesero), a David, a Alina… Así que me presenté en el lugar con la consigna de que sólo estaría 2 horas, máximo 3 porque mi vuelo saldría a las 6am rumbo a México con muchas conexiones.

Llegando al lugar, el mesero se acercó y me preguntó: “mae, es cierto qué se va para México? y vos pensás regresar?” No esperó mi respuesta e inmediatamente dijo: “bueno lo que sea, el día de hoy los jagger van por parte de la casa mae, pásela como decimos acá, bien pura vida” y así fue como las sillas se fueron llenando de mis amigos, la mesa de shots de jagger y de botellas de cerveza y finalmente a las 3 de la mañana me di cuenta que tenía que ir por mis maletas, no sin antes tararear un pedazo de la canción que me llevo a lo que fue mi bar favorito de Costa Rica, abrazando a mis amigos y cantando: “Día a día aprendiendo a ser, miro hacía atrás todo el camino hecho…” 

Y me parece que ha sido, la canción más indicada para despedirme de ese que fue uno de mis momentos favoritos de vida.

todavía me duele el labio.

Llega un momento en la vida, en el que sufrimos constantes bombardeos de nostalgia. 

Los recuerdos nos llegan en cualquier momento del día, por ejemplo tomando un café en la mañana o realizando un informe de trabajo por la tarde. Es necesario dejarnos llevar un poquito por está nostalgia y abrazar esos flashazos del pasado que nos atacan. 

Por ejemplo, Hoy estaba absorta leyendo unos documentos, cuándo recordé a dos de mis compañeras de la preparatoria. Las dos eran muy diferentes a mí y entre ellas mismas, pero aún así creí que podíamos ser mejores amigas para toda la vida. Soy hija única, así que la idea de tener una mejor amiga era la manera en la que pensaba podría suplir la carencia de un hermano o hermana. Sin embargo no cubrieron nada, pero sí aprendí muchísimo de ellas. 

Una de ellas fue mi maestra de seducción, recuerdo que era una chica muy segura de sí misma, algo Dark y siempre se quejaba de que nadie le hacía caso a Pearl Jam y que ella no entendía porque. Me acuerdo que una ocasión nos fuimos de pinta ella y yo, iba un chavo que me gustaba mucho al cual llamaré “J”, entonces yo le dije a mi amiga que me  gustaría acercarme a él, ella propuso que jugáramos a la botella de reto y castigo, entonces a “J” le tocó escoger el castigo y él decidió que mi amiga y yo nos besáramos. Mi amiga habló por mi y dijo que aceptaba, siempre y cuando luego él me besará a mí y entonces pasó, yo me bese con mi amiga, luego me besé con “J”, después mi amiga empezó a besarlo a él y yo desaparecí de la escena y aprendí: nunca digas quién te gusta, porque sólo lo vuelves más deseable. 

La otra chica del crew me enseño que la gente necesitada de atención es muy desesperante, ella se definía como punk bisexual y era muy curiosa porque cada que se presentaba decía: “Hola, soy -A- y soy bisexual”, la mayor tiempo me desesperaba porque gritaba mucho, reía mucho, y parecía muy contenta de la vida que tenía y eso me causaba un poco de conflicto porque rompía con toda la imagen que yo me había creado del punk. El caso es que una vez que “A” se enteró que la otra chica y yo nos habíamos besado, se me fue encima a golpes porque al parecer estaba enamorada de la otra amiga. Y así fue como una tarde jugando a la botella acabó con mi esperanza de tener mejores amigas, de tener un amor preparatoriano, y con el labio reventado. 

Para que poner un nombre.

Camino a media noche con un café helado.

Quemándome con el agua que cae del cielo

abriéndome la cara con el viento gélido

Repitiéndome la misma estrofa de la canción:

“started crashing his head against the locker,
started crashing his head against the locker,”

Me topo con la pared

Contemplo mis manos, he perdido un dedo.

 

Moho

No sé de dónde saliste, o qué fue lo que me llamó a ti.

Pero aún recuerdo tener tu olor en mi nariz.

Me dice mi corazón, que bajaste de un cerro gris,

Que peleaste con los lobos y te dejaste educar por osos.

Que te hiciste agua en el río y que con tu fuerza y ligereza me llevaste a las piedras que están en la orilla.

Qué me dejaste ser el moho de la piedra,

Que te deje ser la serpiente que estrangula,

Que te pedí que me quitaras el aire.

Qué apenas me estoy quitando las escamas de la piel,

Sacudiendo el polvo

Perdiéndote.

El baile del perrito en el Nodriza

En los últimos fines de semana de mi vida, se me ha hecho costumbre irme a ver grupos a un pequeño lugar que parece un estudio. En el barrio lo conocen como Nodriza.

Hace un par de meses fui a ver a un grupo que se llama Cardiel, había más bandas que iban a tocar ese día pero yo fui particularmente por él y ella porque los había escuchado como dos días antes por recomendación de una amiga: “Wey, escucha te va a mamar esa canción”. y así fue (ellos son cardiel).

Llegue al lugar, un poco con sueño y sin expectativas sobre lo que sería esa noche. Llegue al Oxxo que está enfrente (Oxxo-7eleven, son lo mismo) y me compré tres cervezas Carta Blanca porque pensé que como iba a estar sola en el lugar no me quería pasar de copas. Apenas crucé la puerta y comenzaron los abrazos, las sonrisas, las caras conocidas. A lo largo de la noche empecé a recibir cervezas, four loko y creo que hay fotos de mí intentando prender un cigarro.

La cúspide de la velada ocurrió cuando terminaron de tocar las bandas, me quede con mi mejor amigo, una botella de four loko y unos tennis mojados bailando la canción del “baile del perrito”(aquí lo del perrito, no tengo bocinas para saber si es está) hasta que me caí de sentón pensando que los últimos meses de mi vida me he divertido más que en los últimos años.

Supongo que la ventaja de crecer es que muchos complejos se van haciendo cada vez menos y ahora me pregunto: ¿y qué vergas si se me vieron los calzones cuando me caí?

El Chicosacudepijas de Bs.As.

Nunca me había llamado la atención viajar a Argentina, algunas veces sí lo pensaba porque escuchaba algunas bandas que hacían parecer a Argentina como un lugar muy guay.  Pero la realidad es que nunca estuvo en mis planes, un día tuve la oportunidad de ir a Chile y pues aprovechando que ya había hecho un largo viaje opte por moverme un poquito más al sur por lo que compré el ticket y  tomé una mochila que una amiga me prestó y me fui para Buenos Aires.

Un amigo me contacto con un sujeto, él se llama o le dicen Marmota y vivía en un barrio bastante alegre y calmado, él estaba estudiando un posgrado en algo de psicología y aveces en las noches mientras dormíamos y despertaba lo cachaba observándome desde su cama era algo perturbador pero no pasaban de miradas.

Una tarde me anime a recorrer la recoleta, me había emocionado mucho entre las tumbas, los mercados, los frondosos parques que hay en Buenos Aires y los cafesitos además hay que admitir que era un recorrido visual bastante agradable si incluíamos la galanura de algunos especímenes que se cruzaban por mi camino. En fin, era mucha la dicha en la ducha cuando me toco regresar a la casa, después de haber leído en un periódico local: “vuelve a atacar el violador de La Recoleta” en el artículo se recomendaba que las mujeres no anduvieran solas de noche, que no caminaran por parajes solitarios y que de preferencia evitaran los parques largos. Por mi lado, yo estaba sola, nadie sabía donde me encontraba y tenía que cruzar un parque larguísimo para poder tomar el buss que me llevaría a la que ya sentía mi casa, la “casa marmota”. cruce el parque un poco agitada con un cigarro encendido ya que eso me da la falsa sensación de que si alguien se me acerca puedo incendiarlo con el cigarro y correr frenéticamente (pero vamos, hay que admitirlo soy fumadora empedernida y con la peor condición del mundo, la presa perfecta de los zombies) en fin, llegue a la parada del buss y lo tomé, me sentía aliviada hasta que vi que cada vez nos alejábamos más y yo no creía haber hecho tanto tiempo de la casa marmota a la recoleta en la tarde, entonces el chofer dijo la fatídica frase: “Está es mi última parada”. Me acerqué a él y le dije: “oiga, disculpe ¿esté es el barrio el caballito?” y me dijo: “no, pendejita. Debiste haber tomado el buss que pasaba del otro lado del parque”.

Baje en medio de la nada, él me había dicho que si caminaba todo derecho y daba vuelta a la izquierda y continuaba derecho encontraría la parada del buss que me llevaría a mi casa, así que seguí sus indicaciones. Llegue a la zona de prostitución de Buenos Aires dónde vi mujeres grandes de senos al aire libre, poca ropa y lenguaje que pasaba de lo erótico a lo vulgar en cuestión de segundos y todo eso me tenía maravillada. Platiqué con una mujer que me dijo que había llegado de áfrica con sus hermanas, que había estado un tiempo trabajando en Perú pero que en Argentina los hombres eran más amables y menos perversos a la hora de follar con ella, ella se tomó la molestia de darme más detalladamente indicaciones para llegar a mi parada de autobús y me recomendo: “y piba, por favor no habléis más con hombres que tienes un acento muy marcado”. Le hice caso y ya no me detuve, noté que los viajeros que llegaban a la central caminaban con mucha prisa por lo que eso me avisaba que obviamente no estaba en zona segura así que caminé alrededor de 25 minutos para poder llegar a la parada del buss, un automóvil se detuvo y bajó la ventana, el hombre que estaba adentro empezó a llamarme: “vení, vení ¿cuanto querés? sólo quiero un pete  piba pendeja ¿No venís? entonces mira” y se sacó el pene y lo sacudió de una manera que me ponía muy nerviosa entre la incomodidad de lo que veía y el deseo de que se le fracturara entonces vi venir el buss y el chicosacudepijas se tuvo que ir y continuar su camino, subí al camión asustada y dándome cuenta que en realidad ya no traía ni un puto peso para regresarme por lo que me puse a llorar porque ya pasaban de las 2 de la mañana y tenía hambre y frío por lo que se compadeció el chófer y me dejó viajar gratis.

En fin, hubo más experiencias buenas que malas en ese viaje, pero sin duda esto (ahora) es mi parte favorita.

El morro de la prepa

Cuando tenía 15 años  algunas personas me conocían como Mandy, porque tenía un novio que le decían Mandíbula y  en una ciudad tan machista era/es habitual que algunas mujeres no posean su propia identidad.

Yo acepte el apodo porque me gustaba, porque una integrante de The Devotchkas se llamaba así, y yo no podía salir de mi casa sin pilas para mi reproductor y los discos de ellas.  Sus guitarras sucias, su aspecto desaliñado las canciones imbéciles pero divertidas me hacían ir con gusto a la preparatoria, el primer día de prepa yo llevaba una playera de Bad Religion y un  pantalón aguado verde militar. Estaba sentada afuera de la preparatoria con los audífonos puestos cuando un vato alto de pelillo como castaño claro y ojos color entre azul y morado se me acerco para decirme: “no manches morra, qué chida playera” le di las gracias y empezamos a platicar de bandas como Millencolin, Anti-Flag entre otras, nos habíamos emocionado y eso hizo que entrara tarde a mis clases, él se fue porque el iba en el turno de la mañana y yo en el de la tarde, a él le decían Mora.

Aveces él me esperaba a la salida de sus clases, o yo llegaba muy temprano para pasarnos discos, él fue el primero que me prestó un disco de Tiger Army, y fue la persona que me metió en más problemas en ese mi pequeño mundo adolescente, porque una vez estando afuera él se puso a fumar un cigarro y le hablaron a mi mamá para decirle que había estado afuera de clases fumando marihuana, mi mamá me llevo a hacerme una prueba de anti-doping pero se arrepintió cuando íbamos entrando porque eso era muy invasivo, supongo… El caso es que Mora embarazó a una chava cuando estabamos por terminar el primer semestre de la prepa y ya no volví a saber nada de él.

Sí lo ven por ahí, díganle que aún tengo su disco de Tiger Army.

La mejor animadora.

Nací y crecí en una ciudad llamada Monterrey

La mayoría de las personas que viven en esta zona, tienen la visión gringa muy apegada en su manera de hablar, de pensar e incluso de vestir. Hace un par de años venir o vivir en Monterrey era una cosa muy seria, los secuestros, las balaceras en las avenidas, los asesinatos en clubes nocturnos entre otras cosas formaban parte de nuestro día a día.

Nos acostumbramos a las historias de personas desaparecidas o de víctimas inocentes del fuego cruzado. Todos teníamos un amigo, un primo, un conocido de quién hablar que hubiera estado en esa situación, y por supuesto, creíamos que nada de eso nos podría pasar a nosotros.

Una noche yo estaba sentada en mi casa viendo la televisión, eran las 8 de la noche más o menos y estaba viendo los Simpson, recuerdo perfectamente que era el capítulo de la bola en la ingle, porque me sé gran parte de los diálogos de ese capítulo. Iba a bajar a prepararme algo de cenar pero decidí checar mi facebook. Empecé a leer muchos mensajes para un amigo, cosas que sonaban a despedidas así que mi corazón empezó a latir rápido y creí que era necesario investigar más a fondo que sucedía, la mayoría de los mensajes eran muy misteriosos, tales como: “no puedo creer que hayas sido tú”; “siempre te dije que eras demasiado bueno para estar en eso” entre otras cosas, así que le llame a la única persona que se me ocurrió: su novia. Ella nunca atendió el teléfono y yo sentía que me picaba la piel  cuando un amigo me llamó para confirmarme lo que yo sospechaba: “Sel, Fernando* está muerto, estaba en la calle cuando lo alcanzó una bala perdida, aún no sabemos dónde lo van a velar pero….” colgué la llamada.  Sentí que me faltaba el aire, que la cabeza me daba vueltas y no recuerdo lo que pasó después, no recuerdo como llegue a una cantina pero ya tenía una cerveza en la mano y lloraba desconsoladamente. De todas las personas que pudieron haber sido, siempre tiene que ser una de las personas más buenas en nuestra vida, supongo que es natural, es raro el muerto al que no le han amado antes.

Me sentía desconsolada, destruida, pensando que nos faltaban un par de semanas para terminar la universidad, cuando se me acerco una mujer a la que ya había visto antes y de la que sabía era trabajadora sexual, me dio unas palabras de alientos tales cómo: “cariño, sí él te hace llorar es porque no vale la pena”… “Una chica como tú no debería de llorar por un hombre” y “nada bueno te pudo haber dejado, mírame a mí que los hombres vienen me dejan hijos y se van de mi vida”.

Y así comprendí lo triste de mi vida, siendo animada por una mujer que la vida se la coge día con día, o quizá si quiero ser más positiva ella es la que se coge a la vida. No sé, sólo sé que mis lagrimas por ti compa valieron mucho la pena, y que un trago al suelo y otro al cielo carnalito.

 

No fuimos estrellas de Rock

patti_mapplethorpe_masquecine

Terminé el libro, lo acerqué a mi pecho y lloré cómo si mi vida dependiera de eso.

Aunque yo sabía que nuestra relación no había sido cómo la de Robert Mapplethorpe y Patti Smith, se me quedó en la cabeza una frase en la que Patti resume todo lo que Robert fue para ella: “La otra tarde, cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continuabas siendo la más bella”.

Aún en las mañanas me despierto preguntándote en mi cabeza ¿hoy qué quieres de desayunar?