ficción

El morro de la prepa

Cuando tenía 15 años  algunas personas me conocían como Mandy, porque tenía un novio que le decían Mandíbula y  en una ciudad tan machista era/es habitual que algunas mujeres no posean su propia identidad.

Yo acepte el apodo porque me gustaba, porque una integrante de The Devotchkas se llamaba así, y yo no podía salir de mi casa sin pilas para mi reproductor y los discos de ellas.  Sus guitarras sucias, su aspecto desaliñado las canciones imbéciles pero divertidas me hacían ir con gusto a la preparatoria, el primer día de prepa yo llevaba una playera de Bad Religion y un  pantalón aguado verde militar. Estaba sentada afuera de la preparatoria con los audífonos puestos cuando un vato alto de pelillo como castaño claro y ojos color entre azul y morado se me acerco para decirme: “no manches morra, qué chida playera” le di las gracias y empezamos a platicar de bandas como Millencolin, Anti-Flag entre otras, nos habíamos emocionado y eso hizo que entrara tarde a mis clases, él se fue porque el iba en el turno de la mañana y yo en el de la tarde, a él le decían Mora.

Aveces él me esperaba a la salida de sus clases, o yo llegaba muy temprano para pasarnos discos, él fue el primero que me prestó un disco de Tiger Army, y fue la persona que me metió en más problemas en ese mi pequeño mundo adolescente, porque una vez estando afuera él se puso a fumar un cigarro y le hablaron a mi mamá para decirle que había estado afuera de clases fumando marihuana, mi mamá me llevo a hacerme una prueba de anti-doping pero se arrepintió cuando íbamos entrando porque eso era muy invasivo, supongo… El caso es que Mora embarazó a una chava cuando estabamos por terminar el primer semestre de la prepa y ya no volví a saber nada de él.

Sí lo ven por ahí, díganle que aún tengo su disco de Tiger Army.

No fuimos estrellas de Rock

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Terminé el libro, lo acerqué a mi pecho y lloré cómo si mi vida dependiera de eso.

Aunque yo sabía que nuestra relación no había sido cómo la de Robert Mapplethorpe y Patti Smith, se me quedó en la cabeza una frase en la que Patti resume todo lo que Robert fue para ella: “La otra tarde, cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continuabas siendo la más bella”.

Aún en las mañanas me despierto preguntándote en mi cabeza ¿hoy qué quieres de desayunar?

El Pub 340

Tengo una amiga Japonesa, la conocí en Vancouver en el 2013. Yo estaba sentada en la barra de un bar de baja calidad sola esperando a ver si me encontraba con alguien, se había sentado a lado de mi un señor hondureño y empezamos a platicar de la vida, él se puso muy intenso y quería invitarme las cervezas. Yo le dije que no las primeras tres veces, tengo la sensación de que si les permites a las personas que paguen por ti les das cierto poder que yo no quiero que tengan, en fin. Después de un rato me aburrió su conversación, sólo hablaba de clubes de salsa y las mujeres canadienses que lo seguían por ser latino. A lo lejos vi a un amigo español que se sentaba en una mesa y le dije al hondureño “ya han llegado mis amigos, gracias por las cervezas y fue un placer” a lo que él dijo: “tanto invertido y para nada” y creo que soltó una maldición pero yo no le puse atención.

Me senté en la mesa de el Español, él estaba con otros tres españoles y dos japonesas, las japonesas eran muy atractivas y amables. Los chicos no paraban de hablar en español así que les dije: “chavales, dejen de hablar en español que aquí hay dos lindas jovencitas que no lo entienden” las japonesas agradecieron mi intervención y en cuestión de minutos ya se estaban comiendo los unos a los otros, yo seguía con mi misma cerveza, ya caliente así que decidí irme. Al día siguiente una de las japonesas me agregó al facebook y me agradeció porque tuvo una de las mejores noches de su vida.

No me dio detalles, aunque la verdad me hubiera gustado que lo hiciera. Pero mi mente ha volado mucho solamente con saber que fue “una de las mejores noches de su vida”.

Aún la tengo en facebook, y sigo sus historias de diversiones nocturnas.  (más…)

Cuándo arruinan tu lugar favorito

Caminaba por las calles de Monterrey en una sucia y pestilente calle conocida como Aramberri, tres cuadras antes de llegar al bar ya empezaba a oler a orines, ni siquiera necesitabas ver las calles o pedir sugerencias de cómo llegar a ese bar, era suficiente con seguir el olor.

Y llegue, antes de entrar al bar di una bocanada profunda de aire ya preparada me animé a entrar, aguante la respiración lo más que pude hasta que desde el patio vi cómo se alzaba tu mano y la seguí, como solía seguirte siempre, cómo un cachorrito necesitado que le soben el lomo. Llegue hasta ti y apretaste tan fuerte mis cachetes que escupí todo el aire y volví a mi color natural el cual no es tan pálido como me gustaría, ni tan rojo que dé vergüenza.

Enrede mis brazos en tu cuello y te pegue el cuerpo , antes cuándo hacía eso sentía como todo se incendiaba, las vibraciones esas raras que cuentan en los cuentos.Pero ésta vez fue diferente, está vez vez no sentí eso. Tú bebías una caguama y tenías un vaso extra para compartirme. después del primer sorbo y de haber aclimatado a mi nariz a los olores te pregunté ¿por qué me has citado en un lugar tan feo?  y me contestaste: “es mejor que repudies un lugar feo, a que te enemistes con un lugar al que valdría la pena volver”.  Yo medio entendía -aunque no quería- lo que querías decir. Me dijiste “A veces, los  años pesan mucho entre dos personas, y recuerda aquel poema que dice que cuando se termina una relación es porque se tiene que volver al juego del amor”. Pelmazo ¿quién quiere volver a ese pinche juego? -pensé-.

En ese momento nos dijimos adiós, y tu no lo sabes o no lo imaginas. Pero arruinaste mi bar favorito, porque tú nunca pudiste entender que hasta los monstruos más feos o los más pestilentes, si intentas conocerlos te pueden demostrar que tienen un gran corazón, menos tú.  (más…)